Comencé a enseñar Yoga en 2020 tras completar mi formación docente de 800 horas en Santiago de Chile. En los años siguientes, me he dedicado a enseñar Yoga en línea y de forma presencial, participando activamente en diversos cursos y especializaciones que profundizaron mi entendimiento de esta disciplina. Para mí, el Yoga representa uno de los caminos para conectar con lo esencial y establecer un equilibrio en nuestra experiencia vital. Es a partir de este equilibrio y balance donde surge el amor más puro, reflejándose principalmente en la manera en que interactuamos con otros seres vivientes y con nuestro planeta. Considero que no puede existir un equilibrio interno si nuestras acciones perturban el equilibrio de la naturaleza. Es por ello que siento que el aspecto más importante a cultivar en nuestra práctica es nuestra dimensión ética, especialmente necesaria en estos tiempos. Continuaré compartiendo mi amor por el Yoga y su filosofía, orientándolo siempre hacia una vida enraizada en la inocencia —entendiendo por inocencia su origen en el latín «innocens» (que no hace daño)—, una vida en armonía con la tierra, en Ahiṃsā.